Siempre sucedió, esas noches llenas de aquella oscuridad que se posa frágilmente sobre el alma y lo llena todo con una nada de la que es imposible huir. Esas noches donde te dabas por vencida buscando el narcótico que te arrancara al mundo de los sueños para perderte sin regresar más.
Eran esas noches del alma donde surgía del fondo del baúl de las esperanzas, una lucecita alada que se posaba ágilmente sobre los pliegues de tus ojos nublados, que huían de crueles realidades. Agitaba sus alitas para secar las lágrimas vertidas hacia la nada que siempre habitaste. Y te cubría el cabello con finas caricias.
Te tomaba entre sus brazos y consolaba el dolor que no podía curar con magia. Sin embargo, llenaba de brillos tu mirada y bailaba con la imaginación para hacerle olvidar a la mente lo desgarrado que tenias el corazón. Te comprendía y te amaba con cada partícula de su ser, aunque a momentos lo dudaras.
Esparcía polvo estelar sobre tu frente y te elevaba a mundos desconocidos, donde la felicidad era quien reinaba… no podías huir de las esperanzas que jugaban con tu vestido blanco y la sonrisa tímida, se acercaba poco a poco a ti.
El hada creaba en ti el mundo que soñaste, donde podías sonreír y olvidar aquellos fantasmas que la oscuridad alimentaba con tus miedos. Lograbas suspiros de alivio, mientras tomabas su mano y te dabas cuenta que el exterior formaba parte del sueño por vivir. Dentro tuyo estaba ese mundo fantástico donde aguardaba esa mejor amiga que siempre deseaste. Entonces, solo entonces todo mejoraba, el espejo frente a ti te devolvía al hada sonriendo, con la mirada brillante renovada.
Yo