martes, 7 de diciembre de 2010

El café humeante sobre la mesa
Trae consigo el sonido de los pasos
La memoria que muere reviviendo
Las sonrisas perdidas en el ocaso.

Tus manos renuevan lo olvidado
Sin necesidad de toques alejados
Vivencias que crearon un firmamento
Las dudas que renacen entre llantos.

Confusión bañándose en agua turbia
Miradas que ofrecen otro atardecer
Toques que alivian el alma intrusa
Serafines que resurgen al amanecer.

Intento desprenderme del ensueño
Que sin proponérmelo he creado
Agito las nieblas con el pañuelo
Y aparece tu nombre ahí bordado.

¿Y si logro encontrar esas fuerzas?
Que me ayuden a tirar esta taza
Vaciar todo lo que aun sobrevive
Y arrancar esa voz que aun te llama.

El café se enfría mientras lo contemplo
El murmullo de la calle me recuerda
Que es hora de recluir mis sentimientos
Y salir hacía la farsa que todo lo cerca.

Yo

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