domingo, 31 de julio de 2011

Mientras dibujo mata-tiempos en las hojas que dejaste sobre la mesa, me doy cuenta que han pasado tres minutos desde la última vez que mire el reloj. Ya casi es hora de tu llegada.

La cafetera anuncia que esta lista y me apresuro a servir dos tazas, no sin antes echar una mirada al camino por la ventana.

Mientras sirvo el café la hora es anunciada con siete campanadas, entonces, acelero el paso al ritmo de mi nervioso corazón, se que es cuestión de minutos que tu silueta se comience a dibujar en el camino.

Hago a un lado la cortina y con mis dedos limpio esa niebla que cubrió el vidrio, me pierdo contemplando el nevado paisaje y ese camino de piedra que se niega a dejarse por la nieve cubrir.

Han pasado unos segundos y comienzo a desesperar. Me calzo los zapatos, tomo un abrigo y salgo al helado cobertizo. El viento gélido juega con la falda de mi vestido blanco y baila entre mi cabello que se niega a dejarse peinar.

Me abrazo al recuerdo de las noches pasadas, hoy es el primer día que me he quedado sola a esperar. La tarde se ha vuelto eterna sin tu presencia y mi cuerpo duele implorándome tu piel y tu paz.

Yo
Como si esta fuera la primera vez
me atrapas en un remolino nuevo
de emoción que magia a tu lado es
la vida reunida en un instante pleno.

Ocultas los instantes aun no vividos
en la sombra de tu duda que se pinta en
silencios de colores que vuelan sufridos
desencantando el pasado, la mirada es

triste y recelosa de los nuevos amores
que fulgura en mi anochecer a tu lado
y de tu mano cruzando oscuros caminos
supera el miedo y olvida amores pasados.

Yo