-Es mi mundo!! Respondí con una estúpida sonrisa en la cara, mientras veía su imagen capturada en aquel viejo portarretratos que sostenía entre mis manos.
Eva sonreía para sí, mientras me observaba contemplar con amor su fotografía. Se acerco un poco más a mi y miró hacía donde mismo…
-Es muy guapo -Dijo-. Tiene esa mirada profunda que enamoraría a cualquiera.
Y vaya que así es! Me dije, mientras venía a mi mente esa tarde de otoño cuando le conocí.
Recordé aquella tarde como si hubiera sido ayer; el cielo gris provocando un viento helado, los pasos apresurados de las personas porque comenzaba a llover, el sonido apagado de la música del bar y él en aquella mesa concentrado en un desgastado libro. Era la clara muestra de paz en medio de todo ese caos que reinaba.
-Se ha hecho tarde!- Exclamo Eva-. Sería mejor que me fuera si quiero llegar a tiempo a misa.
Rompió la burbuja en la que estaba y regrese a la realidad agradecida de tenerla cerca para sobrellevar toda esta soledad.
Eva, una encantadora señora llena de vida a pesar de su edad, era del tipo de mujeres que siempre tienen una mano para ayudar. Había quedado viuda hacia un par de años y dedicaba su vida a mantener la vieja biblioteca de la ciudad y cooperar en las labores altruistas del párroco de la iglesia que quedaba cerca de casa. Desde hacia meses acostumbraba los viernes tomar conmigo el té, siguiendo una de sus viejas costumbres inglesas. Sin embargo, desde que él había partido, venia a casa dos o tres veces por semana para asegurarse de brindarme compañía.
Me levante para ayudarle a ponerse el abrigo y la acompañe a la puerta. Se despidió con un afectuoso abrazo y salió apresurada.
Regrese al interior con una gran sensación de vacío, la casa me parecía enorme sin su presencia. Suspire y me dispuse a apagar luces y encender algunas velas e incienso, justo como hacíamos aquellas tardes cuando él volvía del trabajo. Y que ahora se había vuelto un ritual para mi.
Rompió la burbuja en la que estaba y regrese a la realidad agradecida de tenerla cerca para sobrellevar toda esta soledad.
Eva, una encantadora señora llena de vida a pesar de su edad, era del tipo de mujeres que siempre tienen una mano para ayudar. Había quedado viuda hacia un par de años y dedicaba su vida a mantener la vieja biblioteca de la ciudad y cooperar en las labores altruistas del párroco de la iglesia que quedaba cerca de casa. Desde hacia meses acostumbraba los viernes tomar conmigo el té, siguiendo una de sus viejas costumbres inglesas. Sin embargo, desde que él había partido, venia a casa dos o tres veces por semana para asegurarse de brindarme compañía.
Me levante para ayudarle a ponerse el abrigo y la acompañe a la puerta. Se despidió con un afectuoso abrazo y salió apresurada.
Regrese al interior con una gran sensación de vacío, la casa me parecía enorme sin su presencia. Suspire y me dispuse a apagar luces y encender algunas velas e incienso, justo como hacíamos aquellas tardes cuando él volvía del trabajo. Y que ahora se había vuelto un ritual para mi.
El dulce olor del incienso comenzó a despertar aun más su recuerdo, la imagen de su sonrisa me inundo… me dirigí a nuestra habitación y saque del viejo baúl algunos de sus dibujos… repase con mis dedos los caprichosos trazos y quise remontarme a ese momento, poder sentir cuales eran sus pensamientos mientras había creado ese cuadro. De pronto, un viento helado abrió la ventana, agito la cortina y me erizó la piel. Algunas velas se apagaron y quede sumida casi en la penumbra, no se escuchaba ningún sonido a excepción del aullido del viento entrando por la ventana. Una sensación de miedo se apodero de mi, quise con mas fuerza que él estuviera aquí, con sus brazos rodeandome y repitiéndo en voz baja que todo estaría bien, quise escuchar una vez más esas explicaciones locas sobre la magia que hay en todo lo que crea la naturaleza. quise perderme con la noche en esta inmensa soledad.
Esa noche lo extrañe como jamás lo había extrañado, las lágrimas comenzaron a rodar y no se detuvieron... desee con todas mis fuerzas poder desprender el alma de mi cuerpo e ir en su busqueda...
Yo
Yo
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